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Misticismo

página 3

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          En lo concerniente a la política, pensamos que debe ser imperativamente renovada. Los grandes modelos del siglo XX, el marxismo-leninismo y el nacional-socialismo, basados en postulados sociales que pretendían ser definitivos, nos han llevado a una regresión de la razón y, finalmente, a la barbarie. Los determinismos correlativos a estas dos ideologías totalitarias se han alejado fatalmente de la necesidad de autodeterminación del Hombre, traicionando así su derecho a la libertad, y escribiendo al mismo tiempo las páginas más negras de la Historia. Y la Historia ha descalificado tanto al uno como al otro, esperemos que para siempre. Independientemente de nuestras ideas, los sistemas políticos basados en un monologismo, es decir, en un pensamiento único, tienen a menudo en común el imponer al Hombre "una doctrina de salvación" destinada a liberarle de su condición imperfecta y a elevarle a un estado "paradisíaco". Además, la mayoría no piden a los ciudadanos que reflexionen, sino que crean, lo que los hace parecerse a "religiones laicas".

           En sentido contrario, las corrientes de pensamiento, tales como el Rosacrucismo, no son monológicas, sino que son pluralistas y facilitan el diálogo. Es decir, animan a dialogar con los demás favoreciendo las relaciones humanas. Paralelamente, aceptan la pluralidad de opinión y la diversidad de comportamientos. Estas corrientes se nutren de intercambios, de interacciones e incluso de contradicciones, cosa que prohíben y se prohíben a sí mismas las ideologías totalitarias. Esta es la causa por la que el Pensamiento rosacruz siempre ha sido rechazado por los totalitarismos de cualquier naturaleza. Desde sus orígenes, nuestra Fraternidad defiende el derecho a forjarse libremente unas ideas y a expresarlas con la misma libertad. Los Rosacruces no son necesariamente librepensadores, sino pensadores libres.

            En el estado actual del mundo, nos parece que la democracia continúa siendo la mejor forma de gobernar, lo que no excluye que tenga ciertas debilidades. En efecto, en toda democracia verdadera, basada en la libertad de opinión y de expresión, se encuentran generalmente una variedad de tendencias, tanto entre los gobernantes como entre los gobernados. Desgraciadamente, esta pluralidad es a menudo la causa de una división, con los conflictos que se derivan de ello. Esta es la razón por la que la mayor parte de los Estados democráticos manifiestan divergencias que los enfrentan continuamente y de manera casi sistemática. Estas divergencias políticas, que gravitan por lo general alrededor de una mayoría y de una oposición, nos parece que ya no se adaptan a las sociedades modernas, ya que frenan la Regeneración de la humanidad. El ideal para cada nación en este aspecto, sería que favoreciera la formación de un gobierno procedente de todas las tendencias que reuniera a las personalidades más aptas para dirigir los asuntos de Estado. Por extensión, desearíamos que existiera un día un Gobierno mundial representativo de todas las naciones, del que la O.N.U. no es sino un embrión.

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           En lo concerniente a la economía, pensamos que está en plena deriva. Es fácil comprobar que cada vez condiciona más la actividad humana y que cada vez es más normativa. En nuestros días, independientemente de las apariencias, ha adquirido la forma de redes estructuradas muy influyentes, y por lo tanto, dirigentes. Por otra parte, funciona más que nunca partiendo de unos valores determinados que se quieren hacer cuantificables: costo de la producción, umbral de rentabilidad, evaluación de los beneficios, duración del trabajo, etc. Estos valores son consustanciales al sistema económico actual y le proporcionan los medios de alcanzar los fines que persigue. Desgraciadamente, estos fines son fundamentalmente materialistas porque están basados en obtener beneficios a cualquier precio, tanto es así que se ha llegado a poner al Hombre al servicio de la economía, cuando debería ser la economía la que estuviera al servicio del hombre.

            En nuestros días, todas las naciones son tributarias de una economía mundial que podría ser calificada de "totalitaria". Este totalitarismo económico no responde a las necesidades más elementales de cientos de millones de personas, mientras que las masas monetarias nunca han sido tan colosales en el plano mundial. Esto quiere decir que las riquezas producidas por los hombres solamente benefician a una minoría de ellos, lo que no deja de ser deplorable. De hecho, comprobamos que existe una brecha cada vez más grande entre los países ricos y los países pobres. En todos los países puede observarse el mismo fenómeno entre los más desfavorecidos y los más favorecidos. Pensamos que esto se debe a que la economía se ha vuelto demasiado especulativa y a que alimenta mercados e intereses que son más virtuales que reales.

           Con toda evidencia, la economía no cumplirá su papel hasta que sea puesta al servicio de todos los hombres. Esto supone que se considere al dinero como lo que realmente es, decir, un medio de intercambio y una energía destinada a que todos puedan adquirir lo que necesitan para poder vivir felices en el plano material. Estamos convencidos de que el Hombre no está destinado a ser pobre, y menos aun miserable, sino que por el contrario, debe disponer de todo lo que puede contribuir a su bienestar para que pueda elevar su alma en toda calma hacia los planos de consciencia superiores. En lo absoluto, la economía debería ser utilizada de manera que deje de haber pobres y que toda persona pueda vivir en buenas condiciones materiales, ya que esto constituye el fundamento de la dignidad humana. La pobreza es únicamente una fatalidad y no se debe a un Decreto divino. Esperamos que llegue un día en que la economía esté basada en compartir los recursos tomando en consideración el bien común. No obstante, los recursos de la Tierra no son inagotables y no pueden ser compartidos hasta el infinito, de manera que será necesario regular los nacimientos, especialmente, en los países superpoblados.

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           En lo concerniente a la ciencia, pensamos que ha llegado a una fase particularmente crítica. No se puede negar que ha evolucionado mucho y que ha permitido a la Humanidad realizar progresos considerables. Sin ella, los hombres continuarían en la edad de piedra. Pero allí donde la civilización griega había elaborado una concepción cualitativa de la investigación científica, el siglo XVII provocó un verdadero seísmo al instaurar la supremacía de lo cuantitativo, lo que no deja de estar relacionado con la evolución de la economía. El mecanicismo, el racionalismo, el positivismo, etc., han hecho de la consciencia y de la materia dos campos bien distintos reduciendo todo fenómeno a una entidad mensurable y desprovista de subjetividad. El "cómo" ha eliminado al "por qué". Aunque es un hecho que las investigaciones emprendidas en el curso de los últimos decenios han conducido a descubrimientos importantes, el interés financiero parece haber primado sobre el resto. Y en el presente nos encontramos en la cima del materialismo científico.

           Nos hemos convertido en esclavos de la ciencia, aunque no la hemos sometido a nuestra voluntad. Simples errores tecnológicos son capaces de poner en peligro a las sociedades más avanzadas, lo que prueba que el Hombre ha creado un desequilibrio entre lo cualitativo y lo cuantitativo, y también, entre él mismo y lo que ha creado. Los fines materialistas que persigue en nuestros días a través de la investigación científica han terminado por extraviar su espíritu. Paralelamente, le han alejado de su alma y de lo más divino que hay en él. Esta racionalización excesiva de la ciencia es un peligro real que amenaza a la Humanidad a medio, y tal vez, a corto plazo. En efecto, toda sociedad en la que la materia domina sobre la consciencia desarrolla la parte menos noble de la naturaleza humana, por lo que está condenada a desaparecer prematuramente y en circunstancias a menudo trágicas.

           En cierta medida, la ciencia se ha convertido en una religión, pero en una religión materialista, lo que no deja de ser una paradoja. Basada en una contemplación mecanicista del Universo, de la Naturaleza y del Hombre, posee su propio credo ("No creer más que lo que se ve") y su propio dogma ("No existe la verdad fuera de ella"). No obstante, debemos poner de relieve que las investigaciones que realiza sobre el cómo de las cosas la conducen cada vez más a menudo a interrogarse sobre el por qué, de manera que poco a poco va tomando consciencia de sus límites y comienza a encontrarse con el misticismo. Algunos científicos, es cierto que aún muy raros, han llegado a establecer la existencia de Dios como un postulado. Hay que destacar que la ciencia y el misticismo estaban muy unidos en la Antigüedad. hasta el punto de que los científicos eran místicos y al contrario. Es precisamente en la reunificación de estas dos vías de conocimiento en lo que se deberá trabajar en el curso de los próximos decenios.

            Es necesario replantearse la cuestión de la investigación. ¿Cuál es, por ejemplo, el sentido real de la reproducción de un experimento? ¿Una proposición que no se verifica en todos los casos es necesariamente falsa? Nos parece urgente ir más allá del dualismo racional que entró en vigor en el siglo XVII, porque sólo de esta manera puede encontrarse el verdadero conocimiento. El hecho de no poder probar la existencia de Dios no es suficiente para afirmar que no existe. La verdad puede tener múltiples caras; retener una sola en nombre de la racionalidad es un insulto a la razón. Además, ¿podemos hablar realmente de racional o irracional? ¿Es la ciencia racional cuando cree en el azar? Nos parece en efecto mucho más irracional creer en él que no creer. En cuanto a este tema, debemos decir que nuestra Fraternidad siempre se ha opuesto a la noción común del azar, al que considera como una fácil solución y una dimisión frente a lo real. En ello, estamos de acuerdo con la opinión de Albert Einstein: "El azar es el Sendero que Dios toma cuando quiere permanecer anónimo".

            La evolución de la ciencia plantea igualmente problemas nuevos en los planos ético y metafísico. Aunque es innegable que las investigaciones genéticas han permitido alcanzar grandes progresos en el tratamiento de enfermedades que parecían incurables, también han abierto la vía a manipulaciones que permiten crear seres humanos por donación. Este género de procreación sólo puede llevar a un empobrecimiento genético de la especie humana y a su degeneración. Supone, entre otras cosas, criterios de selección inevitablemente regidos por la subjetividad acarreando en consecuencia riesgos en materia de eugenismo. Además, la reproducción por donación solamente tiene en cuenta la parte física y material del ser humano, sin pensar en su espíritu ni en su alma. Por eso consideramos que esta manipulación genética atenta, no solamente contra su dignidad sino también a su integridad mental, psíquica y espiritual. En ello, nos suscribimos al axioma "Ciencia sin consciencia no es sino la ruina del alma". La apropiación del Hombre por el Hombre sólo ha dejado tristes recuerdos en la Historia. Nos parece por tanto peligroso dar vía libre a los experimentos relacionados con la donación como método de reproducción del ser humano en particular y de los seres vivos en general. Mantenemos el mismo miedo en cuanto a las manipulaciones que afectan al patrimonio genético tanto de los animales como de los vegetales. continua

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