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Origen de la División Latino-Americana II
 
Segunda parte

         La Sección Latino-Americana resurgió como el fénix. Cumpliendo con mis deberes de Gran Secretario escribí al Imperator (el finado Dr. H. Spencer Lewis) explicándole nuestra situación y sugiriéndole que conserváramos las afiliaciones mediante el estudio en la casa; es decir, empleando el mismo método aprobado por el Supremo Consejo Americano, que había dado ya lugar a la Logia  Nacional Rosacruz. La aprobación del Dr. Lewis vino pronto. Considerando ésta como una orden, que ansiosamente esperaba, comencé a traducir todos los escritos recibidos de la Suprema Gran Logia. Durante el verano de 1921 comencé este nuevo sistema con sólo ocho miembros. Los primeros cuatro eran, naturalmente: Texera, del Valle, Rodríguez Barril y yo. Esta fue, pues, la chispa que encendió nuevamente la Luz de la Sección Latino-Americana.

       Aunque tenía el pesado deber de dirigir todo lo que se hacía, los otros tres frateres se reunían conmigo una vez por semana para discutir todo lo relacionado con esta nueva estimuladora empresa. Nos reuníamos en un cuarto especial que llamábamos nuestro Sanctum, preparado para esas labores. Lo usábamos para nuestras oraciones y nuestras meditaciones. En una de esas noches, mientras revisábamos algunos principios de la Orden, y mientras repetíamos el Gran Juramento de la afiliación divisamos algo como una aura o halo de suave luz entre nosotros. Aquello fue muy impresionante, aunque todos éramos de mentalidad analítica y práctica. Ninguno se atrevió hablar respecto aquel halo, pero nos pusimos de pie y sinceramente renovamos nuestra promesa y nuestra lealtad para con los principios de la Orden y para con nuestro amado Imperator. Para firmar esta promesa tomamos un papel blanco y pusimos en él cuatro gotas de sangre, de modo que las gotas comprendieran los cuatro puntos del cuadrado. Cada uno de nosotros se pinchó el brazo para obtener una gota de sangre, de manera que estuviéramos todos representados. Había ahora algo de nuestro propio ser sobre aquel papel. Recordé entonces la divisa de los famosos Mosqueteros de la novela de Dumas: " Uno para todos y todos para uno" y la adoptamos para con nuestra Orden y nuestro Imperator. Entonces cada uno de nosotros adoptó el nombre de uno de los personajes de esa novela. Así, Frater de la Texera adoptó el nombre de Atnos; Frater del Valle, Portos; Frater Rodríguez Barril, Aramis; y yo adopté el nombre de D'Artagnan.

El Dr. Lewis se une al Grupo

       Escribí al Dr. Lewis acerca de esto e incluí en mi carta el papel que tenía las cuatro gotas de nuestra sangre. Contestó que puesto que nosotros, como Mosqueteros, luchábamos por una causa noble y como él era el representante de esa obra, como Imperator de nuestra Orden, debía él relacionarse con este cuerpo de Mosqueteros. En consecuencia, dibujó cuatro rosas dentro de un cuadrado y en el centro de ellas colocó otra rosa; a ésta la considerábamos representación de él mismo, el jefe de nuestras laborees  como podéis comprender, esto de los Mosqueteros no era más que un nombre y fue aceptado así por el Imperator. Sin embargo, la respuesta del Dr. Lewis era tan entusiasta que sus palabras ascendieron la llama de la vitalidad en nuestras acciones.  Y así, vimos esta cosa de los Mosqueteros como si fuera una realidad en nuestra vida. Como yo era el jefe o capitán de los Mosqueteros, o capitán de los Guardias, como ellos me llamaban , se me pidió que preparara algo como un sello o símbolo oficial para distinguir a la Suprema Gran Logia de San José, California. Más o menos en el verano de 1929, escribí al Imperator acerca de este cambio; me replicó el primero de septiembre de 1929 negándose a ello. Franca y honestamente alabó nuestro trabajo, pero al mismo tiempo rehusó aceptar mi proposición. Así, continuamos nuestro trabajo durante siete años más, haciendo lo mejor que podíamos.
       Fue sólo en la primavera de 1936 cuando se dieron los primeros pasos oficialmente para considerar la translación de las actividades de la Sección Latino-Americana a San José. La primera comunicación a este respecto llevaba fecha del 3 de abril de 1936 y estaba firmada por nuestro actual Imperator, Ralph M. Lewis, quien entonces era Secretario Supremo. Durante el resto del año mantuvimos correspondencia con el Secretario Supremo y con Frater Cecil Poole, quien era entonces el Director del Departamento de Extensión, y también con Frater Thor Kiimalehto, Gran Maestro Interino. Esa correspondencia trataba del importante cambio que iba a efectuarse. El primero de enero de 1937 se envió una circular en español a todos los miembros de la Sección Latino-Americana, notificándoles que desde entonces que las actividades de esa División de la Orden serían dirigidas desde la Gran Logia de San José. La historia, a partir de entonces es conocida de todos los miembros de la División Latino-Americana.
       Estas son mis memorias y tengo la esperanza de que agraden a los miembros de esta jurisdicción, tanto como su realización en el pasado agradó a quienes en ella tomaron parte. continua

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